El papa León XIV1 ha renovado la composición del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, institución que la prensa italiana suele definir como la «Corte de Casación del Vaticano».
El análisis de los perfiles de los miembros salientes y de los recién nombrados permite pensar que no se trata de un simple relevo institucional, sino de una decisión que podría reflejar una determinada orientación en la concepción de la justicia y del Derecho Canónico dentro de la Iglesia.
LA SALIDA DE DOS CARDENALES
El primer dato que llama la atención es la salida de dos cardenales pertenecientes al sector progresista y estrechamente vinculados al pontificado anterior. El primero es el cardenal Joseph William Tobin, nombrado por el papa Francisco el 21 de junio de 2021, pese a no contar con una licenciatura ni con un doctorado en Derecho Canónico. Se trata de una circunstancia que, salvando las distancias, podría compararse con el nombramiento de un magistrado del Tribunal Supremo de Casación italiano que careciera de una titulación universitaria en Derecho.
El segundo cardenal de orientación liberal que deja el cargo es Mario Grech. Gracias a la confianza de Francisco, Grech fue creado cardenal, nombrado secretario general del Sínodo y designado, asimismo, miembro del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica.
DOS INCORPORACIONES SIGNIFICATIVAS
Frente a estas dos salidas, destacan dos incorporaciones especialmente significativas.
La primera es la del monseñor Salvatore Joseph Cordileone, arzobispo de San Francisco y una de las figuras más representativas del catolicismo conservador estadounidense, conocido por sus posiciones críticas ante determinadas aperturas sociales y ante algunos aspectos del estilo de gobierno del papa Francisco.
Muchos recuerdan, en este contexto, el caso de Nancy Pelosi, que en 2022 tuvo una notable repercusión internacional. Cordileone le prohibió recibir la comunión debido a sus posiciones favorables al aborto, mientras que el papa Francisco mantuvo una línea de diálogo que culminó con la recepción de la Eucaristía por parte de Pelosi durante una celebración en el Vaticano.
Cordileone figura, además, entre el reducido número de obispos diocesanos que celebran regularmente según el rito romano tradicional. Recientemente intervino públicamente a propósito de las consagraciones episcopales celebradas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X en Écône. A su juicio, estos acontecimientos reflejan una «creciente falta de confianza» gestada a lo largo del tiempo.
Por ello, manifestó su deseo de que se iniciara un diálogo «sincero y honesto» entre la Santa Sede y la Fraternidad, defendiendo asimismo la conveniencia de facilitar el acceso a la liturgia tradicional para evitar que los fieles busquen fuera de la plena comunión con Roma el alimento de su vida espiritual.
LA DECISIÓN DE LEÓN XIV
La decisión de León XIV de nombrarlo miembro del Tribunal Supremo de la Iglesia apenas tres semanas después de aquellas declaraciones difícilmente puede interpretarse como un gesto de distanciamiento. Antes bien, el nombramiento parece indicar que tales posiciones no han disminuido la confianza del Pontífice, que le ha confiado una responsabilidad de primer orden en el ámbito de la tutela del ordenamiento canónico.
En un momento especialmente delicado para las relaciones entre la Santa Sede y los sectores vinculados a la tradición litúrgica, el Papa ha optado por incorporar a la Signatura Apostólica a un arzobispo que celebra habitualmente según el rito antiguo y que ha defendido públicamente una revisión de la disciplina vigente sobre la liturgia tradicional.
Entre los nuevos miembros de la Signatura Apostólica figura también el sacerdote Gianpaolo Montini, canonista de sólida trayectoria y profesor ordinario de la Pontificia Universidad Gregoriana. Durante el pontificado de Francisco, su posición encontró fuertes resistencias en algunos sectores próximos al propio Bergoglio, especialmente por las reservas que expresó respecto de la reforma del proceso canónico de nulidad matrimonial.
Incluso llegó a plantearse su traslado fuera de Roma, iniciativa que finalmente no prosperó gracias a la intervención de la Compañía de Jesús, que puso de relieve tanto el elevado perfil académico de Montini como la importancia de su contribución a la docencia y a la investigación en la Gregoriana.
La decisión de León XIV de incorporarlo a la Signatura constituye, por tanto, una clara muestra de reconocimiento hacia su competencia científica y su autoridad en el ámbito del Derecho Canónico.
PRIVILEGIAR EL PERFIL TÉCNICO Y JURÍDICO SOBRE EL ESTRICTAMENTE POLÍTICO
Las restantes designaciones responden, en buena medida, a la misma lógica: privilegiar el perfil técnico y jurídico sobre el estrictamente político.
Entre los nuevos miembros se encuentra Juan Ignacio Arrieta, sacerdote del Opus Dei y doctor en Derecho Canónico por la Universidad de Navarra. Durante casi dos décadas desempeñó el cargo de secretario del Dicasterio para los Textos Legislativos, donde tuvo un papel destacado en la revisión del derecho penal canónico culminada con la reforma de 2021.
Análogo es el perfil de Eduardo Baura de la Peña, también sacerdote del Opus Dei y profesor ordinario de Derecho Canónico en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. Considerado uno de los mayores especialistas en Derecho Administrativo Canónico —disciplina que constituye el núcleo de la actividad de la segunda sección de la Signatura Apostólica—, ya se había distinguido por sus observaciones críticas acerca de la formulación jurídica del motu proprio Traditionis Custodes.
Entre los nuevos miembros figuran asimismo el obispo polaco Krzysztof Nitkiewicz, canonista y antiguo subsecretario de la Congregación para las Iglesias Orientales, y Edward Lohse, obispo de Kalamazoo y administrador apostólico de Steubenville, formado en la Gregoriana y con una dilatada experiencia en la Congregación para el Clero.
UNA COMPOSICIÓN QUE NO INCORPORA A INGUNA FIGURA IDENTIFICADA CON EL SECTOR PROGRESISTA DEL EPISCOPADO
En conjunto, la nueva composición del colegio presenta un dato significativo: no incorpora a ninguna figura claramente identificada con el sector progresista del episcopado. La presencia de dos sacerdotes del Opus Dei, de un arzobispo conocido por su orientación tradicional, de prestigiosos especialistas en Derecho Canónico y de un obispo procedente del episcopado polaco proyecta la imagen de un Tribunal Supremo que parece apostar por reforzar su perfil jurídico y técnico mediante canonistas de reconocida competencia y sólida formación.
Más que una simple sustitución de nombres, la renovación parece dibujar una determinada prioridad: recuperar el peso de la preparación jurídica y de la competencia canónica en una institución llamada precisamente a garantizar la correcta aplicación del ordenamiento de la Iglesia.
Solo el tiempo permitirá comprobar hasta qué punto esta impresión inicial se confirma en la práctica y si la nueva composición de la Signatura Apostólica se traducirá también en una evolución concreta de su jurisprudencia y de su orientación institucional.
NOTE:
- Pubblichiamo questo articolo per i nostri lettori di lingua spagnola. Nei prossimi giorni pubblicheremo anche la versione in lingua italiana. ↩︎